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Gusano barrenador: Panamá refuerza la prevención para proteger su ganadería

Gusano barrenador del ganado. El ISA se suma a las acciones de COPEG para orientar a productores y proteger una actividad que enfrenta una plaga de alcance regional.

Una herida que parece pequeña puede convertirse en una amenaza para un animal y, en determinadas circunstancias, para toda una actividad ganadera. Ese es uno de los riesgos asociados al gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax), una plaga que volvió a expandirse por Centroamérica y que mantiene en alerta a los servicios veterinarios de varios países.

En Panamá, el Instituto de Seguro Agropecuario (ISA) se incorporó a las acciones de prevención impulsadas por la Comisión Panamá-Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (COPEG), con una actividad dirigida a productores de Chupampa, en el distrito de Santa María, Herrera.

La jornada buscó explicar las medidas de prevención y, al mismo tiempo, orientar a los productores sobre las alternativas de aseguramiento disponibles para proteger sus inversiones pecuarias.

Una plaga que no nació en Panamá

El gusano barrenador no es una enfermedad nueva ni exclusiva de Centroamérica.

La historia de su control comenzó en Estados Unidos durante la década de 1950, cuando las pérdidas ocasionadas por la plaga afectaban seriamente a los productores ganaderos. En 1966, Estados Unidos logró erradicarla y estableció una primera barrera biológica en la frontera con México.

El programa posteriormente avanzó hacia México y Centroamérica mediante acuerdos internacionales y la utilización de la Técnica del Insecto Estéril (TIE), que consiste en criar grandes cantidades de moscas, esterilizar a los machos mediante radiación y liberarlos para que, al aparearse con hembras silvestres, no produzcan descendencia.

La estrategia permitió que la plaga fuera eliminada progresivamente de Estados Unidos, México y Centroamérica.

¿Por qué Panamá era una barrera?

La ubicación geográfica del país explica buena parte de su importancia.

El Darién constituye el punto de conexión terrestre entre Sudamérica y Centroamérica. Como el gusano barrenador permanece presente de manera endémica en partes de Sudamérica, Panamá se convirtió en el último punto estratégico para impedir que la plaga avanzara nuevamente hacia el norte.

Por eso, desde Panamá se mantuvo durante años una barrera biológica mediante la liberación de moscas estériles.

La planta de producción de COPEG, ubicada en Pacora e inaugurada en 2006, fue construida precisamente para producir masivamente estas moscas. El sistema permitió mantener una zona de protección que abarcaba el este de Panamá, Darién y aproximadamente 20 millas dentro del territorio colombiano.

En otras palabras, Panamá no solo protegía su propia ganadería: funcionaba como una especie de muro biológico para el resto de Centroamérica, México y Norteamérica.

El escenario cambió en 2023

Panamá notificó la reaparición del gusano barrenador en 2023. El 5 de julio de ese año se declaró un brote a nivel nacional y posteriormente la plaga volvió a aparecer en otros países de Centroamérica.

Costa Rica reportó nuevamente la enfermedad y posteriormente se registraron casos en Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador, Belice y México.

La expansión llevó a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) a considerar la miasis por Cochliomyia hominivorax como una enfermedad transfronteriza prioritaria para las Américas.

El problema dejó entonces de ser exclusivamente panameño.

Se convirtió nuevamente en un asunto de seguridad sanitaria regional.

La nueva barrera se mueve hacia el norte

La expansión de la plaga obligó a modificar la estrategia.

COPEG señala que desde mayo de 2024 dejó de dispersar moscas estériles en territorio panameño para concentrar los esfuerzos de la barrera biológica más hacia el norte. La estrategia regional también llevó a concentrar esfuerzos en México, con el objetivo de impedir que el gusano barrenador continuara avanzando hacia Estados Unidos.

La dimensión internacional del problema volvió a quedar demostrada en 2026: la FAO y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) pusieron en marcha un nuevo proyecto de investigación para reforzar la utilización de la Técnica del Insecto Estéril frente al rebrote en Centroamérica, México y Estados Unidos.

La FAO estima que la respuesta regional podría requerir hasta 600 millones de moscas estériles por semana. Las instalaciones de COPEG en Panamá producen actualmente alrededor de 100 millones de moscas por semana, mientras México y Estados Unidos trabajan en ampliar su capacidad.

El dato permite entender por qué la experiencia acumulada por Panamá sigue siendo estratégica.

¿Qué hacen los organismos internacionales?

La respuesta no depende de un solo país.

La OMSA, la FAO, el OIEA, los servicios veterinarios nacionales y organismos regionales trabajan bajo mecanismos de cooperación internacional para fortalecer la vigilancia, el intercambio de información, el control de movilización de animales y la respuesta ante nuevos focos.

Dentro del marco GF-TADs, creado para coordinar la lucha contra enfermedades animales transfronterizas, se estableció un grupo regional de expertos específicamente dedicado al gusano barrenador.

Entre las áreas de trabajo se encuentran la vigilancia epidemiológica, el control del movimiento de animales, el tratamiento de casos, la liberación de insectos estériles y la educación sanitaria.

La OMSA también recomienda que los países mantengan sistemas de alerta, notifiquen los brotes y coordinen las medidas de prevención con los países vecinos.

El comercio también está en juego

El problema no termina en la salud de los animales.

Una infestación importante puede generar restricciones comerciales, cuarentenas, pérdidas de producción y mayores costos para los productores. La FAO advierte que los brotes pueden afectar seriamente la actividad ganadera y provocar restricciones al comercio de animales y productos de origen animal.

Para un país que busca mantener y ampliar sus mercados agropecuarios, la sanidad animal es, por tanto, también una cuestión económica.

Un hato saludable facilita la producción y reduce el riesgo de que enfermedades limiten la movilización o comercialización de animales.

El productor sigue siendo la primera línea de defensa

A pesar de toda la tecnología disponible, una parte fundamental del control comienza en la finca.

El gusano barrenador deposita sus huevos principalmente en heridas de animales vivos. Las larvas penetran en los tejidos y pueden provocar lesiones graves si no se detectan y tratan oportunamente. La vigilancia frecuente de los animales y el tratamiento rápido de heridas son medidas básicas para reducir el riesgo.

Por eso, las jornadas de campo tienen un propósito que va más allá de informar.

Buscan que el productor pueda reconocer una posible infestación, reportarla rápidamente y aplicar las medidas recomendadas por las autoridades veterinarias.

¿Qué aporta el ISA?

En este escenario, la participación del ISA incorpora otro elemento: la protección económica del productor.

La institución está utilizando estas actividades para explicar a los ganaderos las opciones de aseguramiento disponibles y la importancia de proteger las inversiones realizadas en sus explotaciones.

El seguro no elimina la plaga ni reemplaza las medidas sanitarias.

Pero puede formar parte de una estrategia de manejo del riesgo para productores que enfrentan una actividad expuesta a enfermedades, eventos climáticos y otras situaciones que pueden afectar su patrimonio.

En Chupampa, la jornada permitió acercar esa información directamente a productores de Herrera y vincular la protección sanitaria con la protección financiera.

Panamá conoce el problema y también tiene experiencia para enfrentarlo

La historia de COPEG demuestra que Panamá posee capacidades que pocos países de la región tienen.

La planta de Pacora fue diseñada específicamente para la producción masiva de moscas estériles y el país desarrolló durante años conocimientos técnicos relacionados con vigilancia, diagnóstico, producción y dispersión de estos insectos.

Esa experiencia explica por qué Panamá continúa formando parte de la respuesta internacional, incluso después del cambio de la estrategia regional.

El país pasó de ser la última barrera biológica permanente contra el avance de la plaga a convertirse también en un centro de conocimiento y producción utilizado dentro de la respuesta internacional.

La prevención empieza mucho antes de una emergencia

La experiencia de las últimas décadas deja una conclusión clara.

El gusano barrenador puede cruzar fronteras y reaparecer después de años de control. Por eso, la estrategia internacional ya no depende exclusivamente de erradicar la plaga de un país.

La apuesta combina vigilancia permanente, diagnóstico, control del movimiento de animales, atención de heridas, cooperación internacional y Técnica del Insecto Estéril.

En ese escenario, el trabajo que desarrolla el ISA junto con COPEG en Herrera puede parecer una acción local.

Pero forma parte de una preocupación mucho mayor.

Porque detrás de cada finca protegida hay animales, empleos, alimentos, inversiones familiares y una cadena productiva que también necesita mantenerse saludable.

Y Panamá, por su posición geográfica y por la experiencia acumulada durante décadas, continúa ocupando un lugar estratégico en esa defensa sanitaria regional.

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