Una operación realizada entre Chiriquí y Panamá muestra cómo el sistema público de salud está utilizando tecnología que durante años estuvo asociada a procedimientos de alto costo en el sector privado.
Una paciente ubicada en la Ciudad de la Salud fue operada desde Chiriquí por medio de una plataforma de cirugía robótica a distancia. El procedimiento, una colecistectomía para retirar la vesícula debido a cálculos biliares, representa algo más que una demostración tecnológica: muestra el intento de la Caja de Seguro Social (CSS) de llevar especialistas y procedimientos de alta complejidad más allá de la capital.
El cirujano Guillermo Bailey se encontraba en Chiriquí mientras controlaba desde allí la consola robótica que permitió intervenir a la paciente localizada en la Ciudad de la Salud. Posteriormente, el procedimiento se realizó en sentido contrario, con un especialista en Panamá operando a un paciente ubicado en Chiriquí.

La CSS denominó esta modalidad telecirugía bidireccional o “two way” y señala que es la primera vez que se desarrolla de esta manera en la región.
La tecnología que empieza a romper la distancia
La importancia de esta experiencia está en lo que podría significar para un paciente que vive en el interior del país.
Tradicionalmente, cuando determinados procedimientos especializados se concentran en la capital, el paciente debe trasladarse, asumir gastos de transporte, alojamiento y alimentación y, en algunos casos, permanecer lejos de su familia durante el tratamiento.
La telecirugía plantea otro escenario: que el especialista pueda estar en Panamá y el paciente en Chiriquí, o que el médico esté en Chiriquí y el paciente en Panamá.
La CSS comenzó formalmente en 2026 la expansión de su programa de telecirugías robóticas precisamente con ese objetivo: acercar procedimientos de alta complejidad a las provincias y reducir la necesidad de trasladar pacientes hacia la Ciudad de la Salud. Chiriquí es la primera región incorporada y Herrera figura como el siguiente punto de expansión.
Panamá ya no está comenzando desde cero

El salto tecnológico tampoco apareció de la noche a la mañana.
La CSS inició su programa de cirugía robótica en 2022 y para junio de 2026 reportaba más de 500 cirugías robóticas realizadas. Actualmente dispone de cinco sistemas robóticos en operación y ha formado equipos médicos en especialidades como urología, ginecología y cirugía general.
En junio de este año, además, la institución instaló su primer robot quirúrgico de alta gama en el Hospital Regional Dr. Rafael Hernández, en Chiriquí. La estrategia contempla también la instalación de tecnología robótica en el Hospital Dr. Gustavo Nelson Collado, en Herrera.
Esto coloca a Panamá en una posición particular dentro de la región. Según datos divulgados por la CSS, el país concentra 10 de los 14 sistemas robóticos disponibles en la región, aunque esa cifra debe entenderse como una referencia institucional y no como un ranking independiente.
El dato que cambia la perspectiva: cuánto cuesta hacerlo de forma privada
La cirugía robótica no es una tecnología barata.
En una publicación de 2022, la propia CSS estimó que este tipo de procedimientos podía tener en el sector privado un costo aproximado de B/.15,000 a B/.30,000, dependiendo del procedimiento. Otra publicación institucional de 2023 situó determinados procedimientos robóticos entre B/.13,000 y B/.35,000. Son referencias históricas de la CSS y no deben interpretarse como tarifas privadas vigentes para 2026.
El dato permite dimensionar el significado que tiene para el sistema público.
Para un paciente asegurado que cumple con los criterios médicos para recibir una cirugía robótica dentro de la CSS, el acceso a esta tecnología no depende de disponer de decenas de miles de dólares para pagar un procedimiento privado.
La discusión deja entonces de ser solamente tecnológica y pasa a ser también económica: quién puede acceder a la medicina de alta tecnología.
La CSS también está formando especialistas
Otro de los componentes importantes del programa es que el robot no sustituye al médico.
El cirujano continúa tomando las decisiones y controlando el procedimiento; la tecnología permite ejecutar sus movimientos con instrumentos diseñados para cirugía mínimamente invasiva.
La plataforma también permite desarrollar teleproctoring, una modalidad mediante la cual especialistas con mayor experiencia pueden supervisar y acompañar a distancia a otros cirujanos durante procedimientos.
Esto puede tener un efecto importante para el interior del país: no solamente trasladar tecnología, sino trasladar conocimiento.
Un médico que trabaja en Chiriquí puede recibir acompañamiento de un especialista ubicado en la capital sin que este tenga que viajar físicamente para cada procedimiento.
La apuesta pública va más allá de la CSS
El avance de la cirugía robótica tampoco está limitado a la Caja de Seguro Social.
El Instituto Oncológico Nacional incorporó el sistema robótico Da Vinci Xi para procedimientos contra distintos tipos de cáncer y proyectó realizar hasta 1,200 cirugías en cinco años, incluyendo intervenciones de cáncer de próstata, riñón, colon y cuello uterino.
Esto muestra que la incorporación de robótica en la salud pública panameña comienza a formar una red más amplia de capacidades y no únicamente un proyecto aislado.
¿Qué significa para el paciente?
La cirugía robótica puede ofrecer ventajas propias de los procedimientos mínimamente invasivos, como menor sangrado, incisiones más pequeñas, menor dolor posoperatorio y recuperación más rápida en determinados procedimientos. La experiencia acumulada por la CSS también apunta a reducir tiempos de hospitalización y mejorar la capacidad quirúrgica.
Pero el verdadero impacto dependerá de algo más sencillo: que esta tecnología llegue efectivamente a más pacientes y no se quede concentrada en pocos hospitales o en casos seleccionados.
Ahí estará la prueba para el sistema público.
De la Ciudad de la Salud a Chiriquí y Herrera
La experiencia de las dos telecirugías bidireccionales marca una etapa nueva.
Panamá ya pasó de tener robots quirúrgicos a utilizarlos en procedimientos reales, formar especialistas y comenzar a conectarlos entre hospitales ubicados a cientos de kilómetros.
Ahora el desafío es ampliar esa capacidad de manera segura, sostenible y progresiva.
Si el programa consigue consolidarse, un paciente del interior podría dejar de tener como única alternativa viajar a la capital para acceder a determinados procedimientos especializados.
Ese es quizás el aspecto más importante de esta innovación: no se trata solamente de que Panamá tenga robots quirúrgicos, sino de que un sistema público pueda utilizarlos para reducir la distancia entre la tecnología médica y el paciente.
Y en un país donde la atención especializada históricamente se ha concentrado en la capital, esa distancia también tiene un costo económico y familiar.










