Productores de piña en Panamá Este. Más de 60 productores de piña recibieron su personería jurídica en Tortí, mientras el sector proyecta ampliar el cultivo hasta 120 hectáreas.
La producción de piña en Panamá Este busca dar un paso hacia una estructura más organizada. Más de 60 productores de Chimán recibieron la personería jurídica de la Asociación de Piñeros del Área Este, durante el Consejo de Gabinete realizado en Tortí, distrito de Chepo.
La formalización abre una nueva etapa para productores que ya trabajan alrededor de 14 hectáreas de piña y que tienen como meta ampliar la superficie cultivada hasta unas 120 hectáreas, con una proyección que incluye la posibilidad de llegar a mercados de exportación.
De parcelas individuales a una organización de productores
La creación de una asociación puede cambiar la forma en que los pequeños productores enfrentan algunos de los principales retos del negocio agrícola: acceso a asistencia técnica, compra de insumos, comercialización y búsqueda de mercados.
Para productores que trabajan de manera individual, estos procesos pueden resultar más difíciles. Una organización permite reunir esfuerzos y negociar colectivamente, aunque el crecimiento dependerá de la capacidad que tenga la asociación para mantenerse activa y desarrollar canales comerciales.
El Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) informó que ha acompañado técnicamente a los productores de esta zona mediante su agencia de Chepo, especialmente en las labores relacionadas con la producción de piña.
El objetivo ya no es solamente producir

El dato que llama la atención está en la superficie proyectada.
Pasar de las aproximadamente 14 hectáreas actuales a 120 hectáreas significaría multiplicar de manera importante la producción y requeriría resolver aspectos como disponibilidad de material de siembra, manejo sanitario, asistencia técnica, infraestructura, transporte y comercialización.
La referencia a una futura producción con capacidad de exportación también plantea un desafío mayor: producir de manera constante y con estándares que permitan competir fuera del mercado local.
En otras palabras, la organización es apenas el primer paso; el verdadero reto será convertir esa estructura en un negocio agrícola sostenible.
Panamá Este busca aprovechar su potencial agrícola

La piña no es el único proyecto productivo que se desarrolla en esta región.
El MIDA también mantiene programas relacionados con ganadería, trazabilidad bovina y producción integrada de arroz y pescado, una modalidad conocida como rizipiscicultura.
En este último caso, el sistema se desarrolla actualmente en tres puntos de Panamá Este: uno en Chepo y dos en Cañitas. La propuesta combina el cultivo de arroz con la producción de pescado en un mismo espacio, con la intención de aprovechar mejor los recursos disponibles.
La primera cosecha del proyecto piloto fue realizada a comienzos de agosto en instalaciones del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE) en Chepo y su producción está destinada a beneficiar a unos 1,000 estudiantes de la región.
Una hectárea puede convertirse en varias fuentes de alimento
La experiencia de la rizipiscicultura muestra otra de las apuestas que se están probando en Panamá Este: utilizar espacios pequeños para generar diferentes productos.
Los proyectos utilizan embalses de 75 metros cuadrados y, alrededor de ellos, se cultivan plátano, pepino, tomate, habichuela, berenjena y pimentón.
Para productores de subsistencia, este tipo de sistemas puede tener un valor particular porque permite combinar diferentes alimentos en una superficie reducida.
No sustituye a la producción comercial a gran escala, pero puede contribuir a mejorar la disponibilidad de alimentos y reducir la dependencia de una sola actividad.
Ganadería: controlar enfermedades también protege el negocio

El MIDA informó que realiza campañas para controlar murciélagos hematófagos, transmisores de la rabia bovina, además de muestreos, vigilancia epidemiológica, trazabilidad y control de movilización.
La sanidad animal tiene también una dimensión económica.
Un hato afectado por una enfermedad puede significar pérdidas para el productor y restricciones para movilizar o comercializar animales. Mantener controles sanitarios permite reducir esos riesgos y, a largo plazo, mejorar las condiciones para que las fincas puedan avanzar hacia mercados más exigentes.
El desafío ahora es convertir la organización en resultados
La personería jurídica permite a los productores contar con una estructura formal para representar sus intereses, pero no garantiza por sí sola el crecimiento de la actividad.
Para que las 120 hectáreas proyectadas se conviertan en realidad será necesario sostener la asistencia técnica, asegurar mercados, mejorar la productividad y desarrollar una cadena de comercialización capaz de absorber una mayor producción.
Panamá Este cuenta con tierra, productores y proyectos que buscan ampliar la actividad agropecuaria. Ahora comienza una etapa diferente: demostrar que esa producción puede convertirse en una actividad organizada, rentable y capaz de generar nuevas oportunidades económicas en las comunidades.
Si la asociación logra consolidarse, el siguiente paso podría ser que Panamá Este no solo produzca más, sino que consiga vender mejor lo que produce.









