Miles de ballenas jorobadas llegan cada año al Golfo de Chiriquí, uno de los principales santuarios marinos del Pacífico panameño.
Un santuario natural cumple 32 años

Mientras miles de visitantes recorren cada año las aguas del Golfo de Chiriquí, bajo la superficie ocurre uno de los espectáculos naturales más importantes del Pacífico oriental. Allí, entre arrecifes coralinos, manglares e islas protegidas, las ballenas jorobadas encuentran un refugio seguro para reproducirse y dar vida a una nueva generación.
Este año, el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí celebra 32 años como una de las áreas protegidas más valiosas de Panamá. Creado mediante la Resolución No. 019-94 del entonces INRENARE, hoy Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE), el parque protege 14,740 hectáreas, de las cuales cerca del 90 % corresponde al ambiente marino, incluyendo 44 islas, islotes y cayos integrados al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP).

El viaje de ocho mil kilómetros

Entre julio y octubre, las ballenas jorobadas recorren aproximadamente 8,000 kilómetros desde las frías aguas de la Antártida hasta las cálidas costas del Pacífico panameño.
Las aguas del Golfo de Chiriquí ofrecen condiciones ideales para que las hembras den a luz y permanezcan junto a sus ballenatos durante las primeras semanas de vida, lejos de los depredadores y del intenso oleaje oceánico.
Las Islas Paridas constituyen uno de los principales refugios utilizados durante este proceso reproductivo.
El director regional de MiAMBIENTE en Chiriquí, Ernesto Ponce, recordó que proteger este ecosistema representa una responsabilidad internacional.
«El turismo representa una oportunidad para la economía local, pero debe desarrollarse con responsabilidad. Las madres con sus crías necesitan tranquilidad durante una de las etapas más sensibles de su vida», señaló.
Turismo responsable salva vidas

El crecimiento del turismo de observación de cetáceos también exige reglas claras para evitar alterar el comportamiento natural de estos gigantes del océano.
MiAMBIENTE establece que las embarcaciones deben mantenerse a 250 metros de las ballenas adultas y permanecer un máximo de 30 minutos durante la observación.
Cuando hay ballenatos, el tiempo permitido disminuye a 15 minutos.
En el caso de los delfines, las embarcaciones deben conservar una distancia mínima de 100 metros.
Además, los motores deben permanecer en posición neutral y los ecosondas apagados para evitar interferencias con la ecolocalización que utilizan estos mamíferos para orientarse y comunicarse.
El bosque escondido bajo el mar
Aunque las ballenas atraen la mayor atención, el verdadero corazón ecológico del parque permanece oculto bajo el agua.
Los arrecifes coralinos funcionan como auténticos viveros naturales donde cientos de especies encuentran alimento, refugio y espacios para reproducirse.
El inspector del parque, Carlos Iván Saldaña, explicó que estos ecosistemas sostienen gran parte de la cadena alimentaria marina del Golfo de Chiriquí.
Entre las especies predominantes destacan Pocillopora damicornis, Porites lobata y Pavona clavus, corales que forman estructuras arrecifales entre los 20 y 30 metros de profundidad.
Conservar también beneficia a las comunidades

El Plan de Manejo del parque permite actividades tradicionales como la pesca artesanal y el turismo de naturaleza, siempre bajo criterios de sostenibilidad.
Por ello se restringe el uso de trasmallos cerca de los arrecifes, se prohíben los torneos de pesca y la pesca con arpón, mientras que la captura de langosta únicamente puede realizarse de forma manual y respetando las tallas mínimas y los períodos reproductivos.
Estas medidas buscan garantizar que la conservación del ecosistema también continúe beneficiando a las comunidades pesqueras de la región.
Datos del editor
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) realiza una de las migraciones más largas del planeta, recorriendo hasta 8,500 kilómetros entre sus áreas de alimentación y reproducción. Panamá forma parte del Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR), una alianza regional integrada por Panamá, Costa Rica, Colombia y Ecuador para proteger especies altamente migratorias como ballenas, tiburones, tortugas marinas y delfines. Por su extraordinaria biodiversidad, el Golfo de Chiriquí constituye uno de los principales destinos de avistamiento de cetáceos en Centroamérica y uno de los ecosistemas marinos más importantes del Pacífico tropical.










