Una jornada del Mitradel conectó a 62 mujeres con empresas que buscan talento, en un país donde la participación laboral femenina todavía está muy por debajo de la masculina.

Encontrar un empleo no siempre depende únicamente de tener ganas de trabajar. Para muchas mujeres, entrar o regresar al mercado laboral implica superar barreras relacionadas con la experiencia, la formación, las responsabilidades familiares y el acceso a oportunidades.
En Chiriquí, 62 mujeres participaron en una jornada del programa “Mujer que Trabaja, Panamá que Avanza”, impulsado por el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel), que combinó capacitación, preparación para entrevistas y contacto directo con empresas.
Durante la actividad, representantes de Red Volution Ohla, McDonald’s, Grupo Rey y Sharon Panamá entrevistaron a las participantes como parte de sus procesos de selección.

¿Por qué hablar de empleo femenino también es hablar de economía?
Los datos muestran que todavía existe una diferencia importante en la participación laboral.
Según el INEC, en septiembre de 2025 la tasa de participación económica de las mujeres en Panamá fue de 53.8 %, frente al 75.1 % de los hombres.
La diferencia tampoco es exclusiva de las estadísticas nacionales. Las estimaciones de la OIT recopiladas por el Banco Mundial sitúan para 2025 la participación laboral femenina en Panamá en 54.9 %, frente al 77.9 % masculina.
Eso significa que existe una parte importante de la población femenina en edad de trabajar que permanece fuera del mercado laboral.
Y cuando una mujer consigue incorporarse a un empleo formal, el efecto puede ir más allá de su ingreso personal.
Cuando una mujer consigue empleo, la economía familiar cambia

Un salario adicional puede significar mayor capacidad para pagar alimentos, educación, vivienda, transporte, salud o servicios.
También puede significar algo menos visible: mayor independencia económica para la mujer y mayor capacidad de decisión dentro del hogar.
Por eso, las políticas de empleo femenino tienen una dimensión económica que trasciende la contratación.
El Banco Mundial señala que ampliar las oportunidades económicas de las mujeres puede contribuir a mejorar el bienestar de los hogares y aprovechar una mayor parte del potencial productivo de la población.
El trabajo que no aparece en la planilla

Una de las barreras más importantes para la participación económica femenina está relacionada con el trabajo doméstico y de cuidados.
El Panama Gender Data Landscape del Banco Mundial recoge que las mujeres dedicaban, según el último dato disponible para Panamá, alrededor de 18 % de un día de 24 horas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente a 7.57 % de los hombres.
Son horas que incluyen actividades indispensables para el funcionamiento de las familias, pero que no aparecen como empleo remunerado.
Esto ayuda a entender por qué hablar de empleo femenino no consiste simplemente en decirle a una mujer que “busque trabajo”.
También implica preguntarse quién cuida a los hijos, quién atiende a los adultos mayores y cómo se distribuyen las responsabilidades dentro del hogar.
Chiriquí: del taller directamente a la entrevista

La jornada del Mitradel buscó precisamente reducir una de esas barreras: acercar a las mujeres directamente a posibles empleadores.
Además de las entrevistas, las participantes recibieron talleres sobre comunicación efectiva, imagen personal y estrategias para presentar sus habilidades durante un proceso de selección.
El componente de acompañamiento psicológico también buscó fortalecer la preparación emocional y la confianza de las participantes.
La importancia está en que la capacitación no quedó solamente en el aula.
Las 62 mujeres tuvieron la posibilidad de sentarse frente a empresas que estaban buscando talento.
Más mujeres trabajando también significa más actividad económica
Cuando aumenta la participación femenina en el mercado laboral, también puede aumentar el número de personas que reciben ingresos y consumen bienes y servicios.
Ese dinero circula posteriormente por supermercados, transporte, restaurantes, alquileres, educación y otros sectores.
El empleo femenino, por tanto, no debe analizarse únicamente como una política social.
También es una herramienta de crecimiento económico.

La OIT destaca que las estadísticas de participación y empleo permiten identificar las desigualdades de género que todavía existen en los mercados laborales y su impacto sobre el trabajo decente y el crecimiento económico.
El desafío es que la oportunidad termine en un contrato
La jornada representa un primer paso, pero el resultado más importante vendrá después.
La capacitación puede mejorar las posibilidades de una candidata, pero será necesario que esas oportunidades se traduzcan en contrataciones, empleos dignos, salarios adecuados, posibilidades de crecimiento y condiciones que permitan conciliar el trabajo con las responsabilidades familiares.
El Mitradel mantiene programas como Mi Primer Empleo, Mi Primer Empleo Agro, Ley de Pasantías, Mujer que Trabaja, Panamá que Avanza y Más Territorio, Más Empleo, orientados a ampliar el acceso al mercado laboral.
En Chiriquí, 62 mujeres dieron un paso concreto: pasaron de prepararse para buscar empleo a conversar directamente con empresas que pueden convertirse en sus próximos empleadores.
El reto ahora es que esa conversación se convierta en una oportunidad real.
Porque cuando una mujer entra al mercado laboral, no solamente cambia su hoja de vida.
También puede cambiar el ingreso de una familia, el futuro de sus hijos y la cantidad de talento que Panamá incorpora a su economía.










