El águila harpía Panamá celebró 17 años con miles de familias en Summit, en una jornada dedicada a la naturaleza y conservación.
Miles de personas llegaron al Jardín Botánico Summit para celebrar los 17 años de “Panamá”, el águila harpía que se ha convertido en uno de los principales símbolos de conservación y educación ambiental del país. Familias, niños y visitantes compartieron una jornada llena de actividades recreativas, cultura y contacto con la naturaleza.
De Miami a Panamá, una historia que comenzó en 2009
“Panamá” nació el 22 de septiembre de 2009 en el Zoo Miami, Estados Unidos, y llegó al Jardín Botánico Summit el 15 de junio de 2016, gracias a las gestiones del Patronato de Amigos del Águila Harpía y la administración alcaldicia. Desde entonces, su presencia ha permitido acercar a miles de personas a una especie emblemática de los bosques panameños.

Un cumpleaños convertido en experiencia para las familias
El aniversario incluyó un Eco Intercambio, stands ambientales, actividades infantiles, recorridos recreativos y una zona cultural y gastronómica. Los visitantes también pudieron disfrutar de Summit Xtremo, con tirolesa, parque de cuerdas y pared de escalar, además de una Zona Agua con inflables y deslizadores acuáticos para los niños.
Cuando un cumpleaños también enseña a proteger

Uno de los momentos más especiales llegó cuando los visitantes cantaron el tradicional “Cumpleaños feliz” a “Panamá”. La celebración se ha convertido en una tradición anual que reúne a quienes admiran esta imponente ave y, al mismo tiempo, permite transmitir un mensaje fundamental: proteger la biodiversidad también significa conocerla, valorarla y aprender a convivir con ella.
Panamá, un símbolo que pertenece a todos
El águila harpía se encuentra en peligro de extinción, por lo que la presencia de “Panamá” en Summit cumple una función que va más allá de la exhibición. Las jornadas educativas y recreativas buscan que niños y adultos comprendan la importancia de conservar esta especie y los ecosistemas donde habita. Después de 17 años, su historia continúa recordando que la conservación puede comenzar con algo tan sencillo como una familia que conoce, admira y aprende a proteger nuestra naturaleza.












