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La tierra que no aparece en los mapas: Panamá busca ordenar su propiedad

Un programa de US$95.15 millones pretende transformar el sistema catastral panameño. El desafío va más allá de digitalizar mapas: busca mejorar la seguridad jurídica de la tierra, facilitar trámites y abrir nuevas oportunidades para propietarios y comunidades.

En Panamá, tener un terreno no siempre significa tener un título de propiedad. Y conocer la ubicación de una finca en un mapa tampoco garantiza que el Estado disponga de toda la información necesaria sobre quién la ocupa, quién tiene derechos sobre ella o cuál es su situación jurídica.

Ese es uno de los problemas que Panamá intenta enfrentar con la transformación de su sistema catastral, una iniciativa que combina financiamiento del Banco Mundial y recursos nacionales y que coloca la administración de la tierra en el centro de una reforma con implicaciones para propietarios, productores, compradores, inversionistas y comunidades.

El Banco Mundial aprobó hasta US$60 millones para apoyar el programa, mientras que el Gobierno de Panamá aportará recursos para una operación que asciende a US$95.15 millones. El proyecto será ejecutado por la Autoridad Nacional de Administración de Tierras (ANATI).

Pero detrás de las cifras hay un dato que ayuda a comprender la dimensión del problema: solo alrededor del 36 % del territorio nacional cuenta actualmente con información catastral y apenas el 19 % de las propiedades está titulada, principalmente en áreas urbanas. Además, buena parte de la información catastral existente está desactualizada.

¿Qué pasa cuando la tierra existe, pero su información no está clara?

El catastro puede parecer un asunto reservado para técnicos, topógrafos o funcionarios públicos. En realidad, tiene una relación directa con la vida cotidiana.

Un sistema catastral reúne información sobre los terrenos y propiedades y permite conocer aspectos esenciales de un territorio. Cuando esa información es incompleta, está dispersa o desactualizada, los procesos relacionados con la tierra pueden hacerse más lentos y complejos.

Para una persona que lleva años ocupando un terreno, la diferencia puede ser enorme.

La formalización de la propiedad puede representar mayor seguridad jurídica y abrir posibilidades que antes eran difíciles de alcanzar, como acceder a financiamiento, desarrollar una actividad productiva o utilizar legalmente el inmueble dentro de la economía formal.

El Banco Mundial señala precisamente que el programa busca mejorar el acceso a los servicios de propiedad y tenencia de la tierra, reducir los tiempos de los trámites y facilitar información confiable.

El mapa que Panamá todavía no tiene completo

El país busca desarrollar un Sistema Nacional de Catastro Multipropósito, con información territorial consolidada en una plataforma digital compartida entre instituciones.

La idea es que los datos sobre terrenos y propiedades puedan ser consultados y utilizados de manera más eficiente por ciudadanos, municipios y entidades públicas.

Esto también pretende reducir la duplicidad de esfuerzos y evitar que diferentes instituciones trabajen con información territorial desconectada.

En términos sencillos, Panamá intenta construir una especie de mapa oficial, integrado y actualizado de su territorio.

Pero ese mapa no serviría únicamente para saber dónde está una propiedad.

También permitiría al Estado planificar mejor carreteras, infraestructura, servicios públicos, desarrollo urbano, inversiones y uso del suelo.

Tener tierra no siempre es tener seguridad

Uno de los aspectos más importantes del proyecto está relacionado con la seguridad jurídica.

Cuando una propiedad no está formalizada, su ocupante puede enfrentar dificultades para demostrar legalmente sus derechos sobre el terreno.

Esto puede convertirse en un obstáculo para vender, heredar, desarrollar o utilizar el inmueble como respaldo financiero, dependiendo de la situación particular de la propiedad.

El Banco Mundial advierte que para muchas personas la falta de un título de propiedad representa inseguridad y limita el acceso a oportunidades económicas. El programa busca precisamente fortalecer los derechos sobre la tierra y mejorar el acceso a servicios confiables.

La titulación, sin embargo, no ocurre automáticamente por modernizar el catastro. Catastro y título de propiedad son procesos distintos, aunque están estrechamente relacionados.

La modernización catastral busca mejorar la información y los servicios que permiten ordenar la propiedad y la tenencia de la tierra.

¿Y qué tiene que ver esto con los bienes raíces?

Mucho.

Para quien compra una propiedad, la información territorial confiable tiene un valor fundamental.

Un sistema más integrado puede facilitar la consulta de información sobre los terrenos y contribuir a reducir incertidumbres en los procesos de propiedad.

Para el sector inmobiliario, contar con información territorial actualizada también puede mejorar las condiciones para la inversión y la planificación.

El Banco Mundial vincula directamente la modernización del sistema con mejores condiciones para la inversión, el acceso al crédito y el uso productivo del suelo.

Esto significa que la reforma catastral puede terminar teniendo efectos que van mucho más allá de las oficinas públicas: puede influir en el mercado de tierras, el desarrollo inmobiliario y las decisiones de inversión.

Una finca con título puede abrir otra puerta

La formalización también tiene una dimensión económica.

ANATI ha explicado en diferentes procesos de titulación que contar con un título puede abrir oportunidades de acceso al financiamiento y contribuir a la bancarización de los beneficiarios.

En enero de 2025, por ejemplo, durante una jornada de entrega de títulos en Ocú, la entidad destacó la participación de bancos para brindar asesoría financiera a los nuevos propietarios y explicó que la titulación puede facilitar su incorporación al sistema financiero.

El impacto puede ser particularmente relevante para pequeños productores y familias que han ocupado o trabajado terrenos durante años.

Una propiedad formalizada deja de ser solamente el lugar donde una familia vive o produce y puede convertirse también en un activo con mayor capacidad de integrarse a la economía formal.

Coclé ya muestra lo que significa hacer el mapa desde el terreno

La transformación no parte de cero.

En Coclé, ANATI desarrolla un proceso de barrido catastral que abarca más de 65,000 hectáreas y que busca recopilar y validar información registral y tenencial.

La entidad informó en marzo de 2026 que ya había completado la fase de recopilación y validación de información registral y avanzaba hacia la etapa tenencial. El proceso tiene una duración estimada de 36 meses.

Para las comunidades involucradas, un barrido catastral no es simplemente una operación técnica.

Significa llevar información al territorio, identificar situaciones de tenencia y avanzar en el conocimiento formal de quién ocupa y utiliza determinadas tierras.

Los números también cuentan una historia

La dimensión de la formalización puede observarse en las propias jornadas de titulación de ANATI.

En abril de 2026, el Gobierno entregó 105 títulos de propiedad en Los Santos, beneficiando a más de 400 personas. La entidad destacó que la formalización puede abrir oportunidades para el financiamiento y el desarrollo productivo.

Estos casos muestran la otra cara del catastro.

Mientras el sistema nacional intenta ordenar millones de datos territoriales, detrás de cada expediente existe una persona o una familia para la que un documento puede representar años de espera y una mayor certeza sobre la tierra que ocupa.

El reto no es solo ordenar: también es evitar conflictos

Poner orden en la propiedad de la tierra puede generar beneficios, pero también exige cuidado.

Los procesos catastrales y de formalización deben considerar situaciones donde pueden existir derechos superpuestos, áreas protegidas, territorios indígenas, tierras nacionales o conflictos entre diferentes ocupantes.

Por eso, una modernización del catastro no puede limitarse a colocar información en una plataforma digital.

También necesita procedimientos claros, transparencia, coordinación institucional y mecanismos capaces de atender las distintas realidades territoriales del país.

Un préstamo que se pagará con resultados

Hay otro elemento particular en esta operación.

El financiamiento del Banco Mundial utiliza un mecanismo denominado Programa por Resultados (PforR). Esto significa que los desembolsos están vinculados al cumplimiento de metas específicas y verificables, en lugar de depender únicamente de la ejecución de actividades o recursos.

Entre los resultados esperados están mejorar los servicios catastrales, reducir los tiempos de los trámites y ampliar el acceso a información territorial confiable y actualizada.

Es, además, el primer programa de este tipo del Banco Mundial para Panamá.

1,200 empleos y una economía que también se mueve con la tierra

La transformación tendrá un impacto económico directo durante su implementación.

El Banco Mundial estima que el programa generará alrededor de 1,200 empleos directos, vinculados principalmente con las actividades necesarias para modernizar el sistema catastral.

Pero el efecto esperado va más allá de esos puestos de trabajo.

Un sistema de tierras más confiable puede favorecer la inversión productiva, facilitar el acceso al crédito y mejorar la planificación territorial, creando mejores condiciones para que el sector privado y los propietarios desarrollen actividades económicas.

El verdadero desafío está debajo del mapa

Panamá ha avanzado durante años en la construcción de viviendas, carreteras, urbanizaciones, fincas, comercios y proyectos productivos.

Pero buena parte de ese desarrollo ocurre sobre un territorio cuya información todavía no está completamente integrada.

La transformación del catastro busca cerrar esa brecha.

Para el Gobierno, significa contar con mejores herramientas para administrar el territorio. Para los municipios, disponer de información que facilite la planificación. Para los inversionistas, reducir incertidumbres. Para los propietarios, mejorar la seguridad jurídica. Y para quienes todavía esperan formalizar sus tierras, la posibilidad de avanzar hacia una relación más clara con el Estado.

El objetivo final no es simplemente tener mejores mapas.

Es saber qué hay sobre el territorio, quién tiene derechos sobre la tierra y cómo esa información puede utilizarse para que Panamá crezca de manera más ordenada.

La tierra siempre ha estado allí.

Lo que Panamá intenta ahora es conseguir que también esté correctamente identificada, registrada y conectada con las decisiones que determinan el futuro del país.

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