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La mujer como motor silencioso de la economía familiar rural.

Pequeños espacios, nuevas oportunidades para las familias

En muchos hogares rurales, la economía familiar también comienza en espacios pequeños. Un patio, un balcón o incluso una maceta pueden convertirse en lugares para producir alimentos, reducir gastos y abrir nuevas alternativas de autosustento.

Esa realidad está tomando forma en distintos sectores de Colón, donde mujeres productoras reciben capacitación para elaborar huertos y aplicar métodos adecuados de siembra como parte de un proceso de fortalecimiento de la agricultura familiar.

La primera cosecha ya demuestra que el esfuerzo da frutos

El proceso alcanzó en agosto una primera cosecha de hoja de mostaza, con la participación de 22 mujeres provenientes de 10 sectores de la provincia.

La experiencia surgió de la coordinación entre el MIDA y el Centro de Atención Integral a la Mujer (CAI), con acompañamiento técnico de la Agencia de Extensión Central.

Más que enseñar a sembrar, el objetivo es que las participantes puedan aprovechar recursos y espacios disponibles dentro de sus propios hogares, fortaleciendo la seguridad alimentaria y creando posibilidades para mejorar la economía familiar.

Norma aprendió que no hace falta tener una gran finca

Para Norma Ceballos, productora de Buena Vista y participante de la capacitación, uno de los principales aprendizajes fue descubrir que producir alimentos no requiere grandes extensiones de terreno.

Durante la jornada aprendió técnicas para cultivar pepino, mostaza, maíz, tomate y espinaca. Su mensaje para otras mujeres es sencillo: aprovechar cualquier espacio disponible, incluso una maceta, para comenzar.

Su experiencia representa una idea con potencial económico: la producción familiar puede comenzar a pequeña escala y crecer a medida que aumentan los conocimientos y las capacidades de cada mujer.

Cuando producir también significa fortalecer el hogar

El trabajo desarrollado en Colón forma parte de un proceso que comenzó con capacitaciones sobre empoderamiento, inclusión productiva y liderazgo de las mujeres rurales.

En octubre de 2025 se realizó una jornada sobre estos temas y, un mes después, se desarrolló una capacitación teórico-práctica sobre productos derivados del maíz, orientada a generar alternativas de ingresos y autosustento.

A este esfuerzo se suma el seguimiento a organizaciones de mujeres dedicadas a la transformación y comercialización de productos agrícolas, mediante el Programa Mujer Rural.

La capacitación busca abrir la puerta al emprendimiento

El acompañamiento también involucra a AMPYME, INAMU y MINSA, junto con las estructuras regionales del MIDA. Cada institución aporta conocimientos relacionados con producción agropecuaria, fortalecimiento empresarial, derechos de las mujeres, salud e inocuidad.

La apuesta es que las mujeres no solo produzcan para sus hogares, sino que quienes tengan interés y condiciones puedan avanzar hacia actividades de emprendimiento y comercialización.

La experiencia de Buena Vista y otros sectores de Colón muestra así una faceta importante del desarrollo rural: cuando una mujer adquiere herramientas para producir, el beneficio puede llegar directamente a la alimentación, el autosustento y las oportunidades económicas de toda la familia.

Estamos hablando de cómo una mujer puede transformar un espacio que antes no producía nada en alimentos para su familia y, potencialmente, en una actividad económica.

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