Una productora de Los Santos inicia con 30 gallinas ponedoras un proyecto que puede generar alimentos e ingresos para su familia.
En Las Guabas Arriba, provincia de Los Santos, una productora decidió apostar por la cría de gallinas ponedoras como una actividad capaz de generar alimentos e ingresos para su hogar. Laxmi Cerna inició este proyecto con un lote mixto de 30 aves de las razas ISA Brown y Plymouth Rock Barrada, con una producción estimada de unos 900 huevos al mes.
¿Qué puede significar producir 900 huevos al mes?

La cifra permite dimensionar el potencial de una actividad que comienza a pequeña escala. Una producción de unos 900 huevos mensuales puede destinarse al consumo familiar y a la venta, creando una fuente adicional de ingresos para el hogar. Además, la producción constante puede generar relaciones comerciales con vecinos, pequeños comercios, restaurantes u otros compradores, aunque la nota no precisa actualmente cómo Cerna comercializará sus huevos.
El verdadero valor está en que la producción funcione
Para que las aves mantengan una producción adecuada, el manejo diario resulta determinante. Durante su visita, la ingeniera Maricarmen Castillo, del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) en Los Santos, orientó a la productora sobre iluminación, disponibilidad permanente de agua limpia y alimento, limpieza de comederos y bebederos y condiciones apropiadas para la postura.
También recomendó instalar un pediluvio para ayudar a prevenir el ingreso de agentes causantes de enfermedades, utilizar ponederos adecuados y llevar registros diarios de producción, consumo de alimento y mortalidad. Estas prácticas permiten conocer qué ocurre dentro de la unidad productiva y tomar decisiones con base en los resultados.
De una familia pueden surgir otras oportunidades

Cuando una familia produce parte de los alimentos que consume y, además, genera un excedente para vender, la actividad puede comenzar a mover dinero dentro de la propia comunidad. La compra de alimento para las aves, materiales, equipos y otros insumos crea demanda; mientras que la venta de huevos puede conectar a la productora con consumidores y pequeños negocios.
El impacto, por tanto, no necesariamente termina en el gallinero. Una unidad avícola familiar puede convertirse en un pequeño eslabón de una economía rural más amplia, siempre que alcance una escala sostenible y encuentre mercados para su producción.
La asistencia técnica busca evitar errores al comenzar

En este caso, el acompañamiento del MIDA se concentra en una etapa temprana del proyecto. La asesoría busca que la productora establezca desde el inicio prácticas de manejo, sanidad y control de la producción que permitan conocer el comportamiento de la actividad.
Para una familia que comienza a producir, ese conocimiento puede ser tan importante como las propias aves. Saber cuánto alimento consume el lote, cuántos huevos produce, cuántas aves se pierden y cuánto cuesta mantener la operación permite determinar si el proyecto realmente está generando resultados.
El reto será convertir la producción en un ingreso sostenible

Las gallinas ponedoras representan una de las actividades de especies menores que pueden desarrollarse a escala familiar. Sin embargo, pasar de una producción inicial a una actividad económicamente sostenible dependerá de factores que esta experiencia apenas comienza a enfrentar: costos, productividad, sanidad, comercialización y capacidad para mantener una oferta constante.
En Las Guabas Arriba, el proyecto de Laxmi Cerna muestra así una dinámica que va más allá de las 30 gallinas: una iniciativa familiar puede convertirse en una pequeña unidad de producción de alimentos y, potencialmente, en una fuente de ingresos que conecte al hogar con la economía de su comunidad.












