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La tregua duró tres días: Trump y Canadá vuelven a chocar por los aranceles

Las negociaciones que parecían acercar a Washington y Ottawa a un acuerdo terminaron en ruptura. Estados Unidos mantiene aranceles del 50% sobre determinados productos canadienses y amenaza con elevar al mismo nivel los gravámenes sobre vehículos y autopartes desde enero de 2027.

Washington. Lo que hace apenas unos días parecía encaminarse hacia un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Canadá terminó nuevamente en una escalada. Las conversaciones entre ambos gobiernos se rompieron en agosto y dejaron sobre la mesa nuevos aranceles, represalias y una creciente incertidumbre para empresas que dependen de las cadenas de producción de América del Norte.

Estados Unidos comenzó a aplicar el 22 de agosto un arancel del 50% a determinados productos canadienses, después de que las negociaciones no lograran cerrar un acuerdo. La medida afecta mercancías por unos US$27,600 millones, según el Gobierno canadiense.

La ruptura fue especialmente significativa porque, apenas unos días antes, Washington había retrasado la entrada en vigor de nuevas medidas mientras los negociadores intentaban alcanzar un entendimiento. Las conversaciones llegaron incluso a contemplar una reducción de algunos aranceles sobre vehículos y metales canadienses, pero finalmente no prosperaron.

Canadá responde con la misma moneda

Ottawa decidió responder con una estrategia de «dólar por dólar».

A partir del 8 de septiembre, Canadá aplicará aranceles de 15%, 25% y 50% a productos estadounidenses por un valor aproximado de US$27,600 millones. Entre los sectores afectados estarán el acero y aluminio, productos lácteos, electrodomésticos, equipos agrícolas, papel, plásticos y productos electrónicos.

La medida supone una nueva fase de la disputa: los dos países no solo están negociando condiciones comerciales, sino que comienzan a trasladar el conflicto directamente a empresas y sectores productivos.

Y eso puede tener consecuencias más allá de la frontera.

El automóvil se convierte en el nuevo campo de batalla

Uno de los sectores más expuestos es el automotor.

El presidente Donald Trump amenazó con elevar al 50% los aranceles sobre automóviles, camiones y autopartes procedentes de Canadá a partir del 1 de enero de 2027. La propuesta representa una escalada frente al arancel de 25% que actualmente afecta a determinados vehículos.

El problema es que buena parte de los vehículos fabricados en Canadá no pertenecen a compañías canadienses.

Toyota y Honda, por ejemplo, concentran más de tres cuartas partes de los automóviles fabricados en territorio canadiense. Reuters advierte que, si el arancel del 50% entra en vigor, algunas líneas de producción podrían quedar bajo fuerte presión.

General Motors también mantiene una importante producción en Canadá. La compañía está tratando de sostener sus operaciones en Ontario en medio de la incertidumbre generada por los nuevos gravámenes estadounidenses.

¿Por qué un arancel canadiense puede terminar afectando a Estados Unidos?

La particularidad de esta disputa está en la integración de las cadenas productivas.

Un automóvil puede incorporar piezas fabricadas en distintos países antes de llegar a la línea de ensamblaje. Lo mismo ocurre con maquinaria, alimentos procesados, productos electrónicos y otros bienes industriales.

Por eso, cuando Washington aplica un arancel a un producto canadiense, el costo inicial recae sobre el importador estadounidense. Ese mayor costo puede trasladarse posteriormente a fabricantes, distribuidores o consumidores, dependiendo del producto y de la capacidad de cada empresa para absorberlo.

La consecuencia puede ser una combinación de mayores costos, cambios en proveedores, reducción de márgenes y aumento de precios.

La disputa ya no es solamente entre Trump y Carney

El conflicto comercial está obligando a las empresas a tomar decisiones de largo plazo.

La industria automotriz es uno de los ejemplos más claros: modificar una cadena de producción internacional no es tan sencillo como cambiar de proveedor de un día para otro.

En el caso de Toyota y Honda, Reuters señala que el mercado estadounidense es especialmente importante para ambas compañías. Una modificación abrupta de las condiciones comerciales podría obligarlas a replantear parte de su producción canadiense.

Para Canadá, entretanto, el objetivo es proteger a sus trabajadores y empresas mediante medidas de respuesta y programas de apoyo. El Gobierno canadiense anunció recientemente un paquete adicional de C$7,500 millones para empresas y trabajadores afectados por las perturbaciones comerciales, incluyendo apoyo a pequeñas y medianas empresas.

Estados Unidos tampoco ha cerrado el frente arancelario mundial

El conflicto con Canadá es solamente una parte de una política comercial estadounidense mucho más amplia.

Durante este año, Washington ha utilizado diferentes mecanismos legales para imponer o estudiar nuevos aranceles a numerosos socios comerciales. Entre ellos figuran medidas relacionadas con acero, aluminio, automóviles, productos tecnológicos y acusaciones vinculadas con el trabajo forzoso en las cadenas internacionales de suministro.

En julio, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos anunció aranceles de 10% o 12.5% a 60 socios comerciales, bajo investigaciones relacionadas con la falta de medidas suficientes contra productos elaborados mediante trabajo forzoso.

El resultado es un escenario comercial más impredecible. Un análisis reciente de Chatham House advierte que los cambios frecuentes en la política arancelaria estadounidense están convirtiendo la incertidumbre comercial en una característica permanente del escenario internacional.

¿Se puede todavía alcanzar un acuerdo?

Sí. La posibilidad de negociación no está descartada.

Pero la ruptura de agosto demuestra que un acuerdo puede cambiar rápidamente y que las empresas están tomando decisiones en un entorno donde las condiciones comerciales pueden modificarse en cuestión de semanas.

El próximo punto de tensión será enero de 2027, cuando podría entrar en vigor el arancel estadounidense del 50% sobre automóviles y autopartes canadienses si Washington mantiene su amenaza.

Mientras tanto, Canadá prepara sus propias medidas para septiembre.

Lo que parecía una negociación cercana a un acuerdo se transformó nuevamente en una disputa comercial abierta. Y esta vez el impacto puede sentirse no solo en las oficinas de Washington y Ottawa, sino también en fábricas, cadenas de suministro y precios que llegan directamente al consumidor.

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